¿Existes? Pregunté una vez
y él bajó de donde estaba
y se plantó frente a mí
a tener una conversación.
"No", fue lo primero
que me dijo sonriendo
y yo, impactada
susurré en silencio.
"¿A quién adoran?"
"A mi invención"
contestó seguro
como Dios que era.
Reí a carcajadas
y Dios rió conmigo
y me contó de su plan
y de lo que significaba
ser Dios.
Comprendí y abrí los ojos
"No me alabes más, no es a mí"
Me advirtió
y subió de donde bajó
y me dio un cigarro de regalo.
Dios no existe, concluí.
Y me fumé el cigarrillo celestial.
Mañana quedamos de tomarnos unas copas.
Nos juntaremos en el centro,
en el bar de al lado
de donde vive.
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2 comentarios:
tienes tanta razón!... :)
es como lo que pienso yo, casi lo mismo... bueh, pero quizá acá tomó otro significado... pero es lo que pienso...
cariños Aly
PS: éste comentario se titula: redundando con el edo
Hola ^^
Me encantó esta poesía, tienes razón en muchas cosas.
Me encantó la parte del cigarro celestial...LOL
Besitos cuñada
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