avanzo al abismo perdido
en que se transforma tu memoria.
Cual gata precavida, silenciosa,
me muevo entre los vestigios
de lo que antes fue un castillo.
Pasos de aire, inconfundibles,
palpo cada objeto ya muerto
que comprendía tu esencia.
Con ambas manos, sin dos ojos,
sino miles y miles de ojos
miro la ausencia de tu presencia.
Colocada de una vez frente a tu recuerdo,
idiotizada por el perfume de Cupido traicionero,
doblo las piernas, cayendo de rodillas al suelo.
Alzando la mirada hacia un cielo yermo,
cubriendo los brazos de cenizas y sales,
clamo en silencio a las Saetas del Eterno.
Finalmente, me rindo ante su presencia.
imploro piedad que ya no tengo
y vencida caigo, ante tu leve recuerdo.
Para P.A.L.C.

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