lunes, 9 de julio de 2007

Soledades maternales

Aquel susurro, dulce canto de cuna,
se perdió entre las caras del odio
y la indiferencia de la edad.

He de cargar solitaria las pesadumbres,
sin siquiera un sutil apoyo, una mano bendita,
aquel gesto que da el aliento para respirar.

Mirarse al espejo y odiar lo que se ve.
Sentir caricias y besos que dan asco,
quitarse las venas para vivir sin sentir.

Mira cuantos trozos hay de mi corazón,
y tú, ni enterada de tanto dolor...
¿tanto costaba ser amiga y cómplice también?

Llueve en esta noche oscura y solitaria,
y mis pasos parecen luciérnagas perdidas
en medio de una gran tempestad.

Solo desear aquel vicio asesino
inhalar la podredumbre del pavimento
y entregarse sin más a la vida o a lo que sea.

¡Cuántas confusas mariposas nocturnas
secan las ya secas lágrimas del alma!
Vida solitaria decidí cuando me nombré.

Ahora ni espero ni anhelo, solo me quedo.
Inaugurando una agonía que desconocía
y perdiéndome en los sinfines de las memorias colectivas.

Algún día entenderás...y sé que llegará aquel día.
Puede que yo también entienda
y todo será la mancha negra en la hoja de mi vida.

Mientras, soledades infinitas aquí
donde me dejaste desde la Eternidad,
te regalo este cadáver inaudito.

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