miércoles, 14 de mayo de 2008

La Balada Fugaz

He aquí el sonido. Dulces pasos lo marcan. No llevo nada, nada, nada...me he acordado que sí. Sí llevo algo. Es tu mano entrelazada a la mía. Son tus pasos silenciosos junto a los míos. Pero abro los ojos, y la realidad me muestra que no, que no estás. Tanto tiempo ha pasado que ya no estás. Que es a tu recuerdo al que llevo de la mano. Que es a tu sombra a la que le escucho los pasos.

Han pasado siglos, eternos segundos milenarios. No te recuerdo casi. Recurro a las difusas imágenes, no de mis memorias, no de mis pupilas. Recurro a las imágenes de mi piel. Porque he olvidado tu voz, tus ojos, tu rostro, tu sonrisa. Pero no olvido tu mano entrelazada a la mía.

A veces, al voltear rápidamente, estás tú. Pero te escondes. Mandas a tu sombra a hacerme compañía. Y yo sonrío. Porque sé que es tu infantil forma de decirme que estás siempre conmigo.

Y sigo caminando, entre sonrisas flotando a mi alrededor, cual mariposas, y besos nostálgicos, ajenos, lanzados al aire en un momento de cariño puro, de inocencia eterna. Y camino mientras en los oídos suena la balada del fin del mundo.

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