Te invito a vagar
entre pastos pasados,
entre aires añejos,
entre luces oscuras.
Te invito a visitar
la cuna de mi nacimiento,
la cama donde amo y duermo,
la tumba que tendrá mis huesos.
Te invito a oler
las flores azules invernales,
las mariposas sensuales,
la piel marchita ausente.
Te invito a besar
las mejillas de los niños traviesos,
las manos de doncellas lozanas,
las caderas de Kamala amante.
Te invito.
A besar mi boca.
A comer mi carne.
A beber mi alma.
Para así morir
con el sabio conocimiento
del sabor de tus labios
y de tu piel.
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