Promesas de partidas, de llegadas,
de sueños jamás cumplidos.
Ausencia...
¿Os atreves a decir,
sin mirar atrás,
que nos equivocamos?
No tenemos lo de antaño,
no creemos en aquella eternidad
que pensamos que existía
y se nos acabó sin más.
¿Cómo negar, diestramente,
que se extraña su presencia?
¿Cómo soportar, firme,
el paso de la Vida misma
sin su hermosa risa?
No se puede decir que alegra.
Ni mucho menos que se apena.
¿Qué hacer?, ¿qué hacer?
Las respuestas roen el alma,
y vacían lo que alguna vez fue.
Despedirse, quizás.
Explicar, tal vez.
No quiero perder,
a ese ángel que enviaron,
a ese ser que se llenó de aire,
para arrancar una sonrisa milenaria.
No quiero perder
a aquella a quienes van
las siguientes palabras...
Hada
Cielo de tonos naranjos,
piel eterna, de voraces
mitologías pasadas.
No corran, que no huye.
No vuelen, que no escapa.
Sonríe, por espada.
Acaricia, por escudo y falda.
Déjenla ser, alegre,
déjenla vivir en su alma eterna.
Déjenla amar, sincera.
Abre los ojos, confusa,
abre los ojos y los cierra.
Veloz, cual animal sonriente.
Voraz, cual bestia infame.
No le teman, no lo hagan.
Ella no es más
que una dulce hada.
Dedicado a aquella que alguna vez ostentó el título de "primogénita" y que desearía volviera a ostentar...

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