viernes, 18 de mayo de 2007

Don Quijote de La Mancha

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...

Abriste los ojos, sabiendo que era la última vez.
Pediste con gritos suplicante de tu voz muda
que te llevaran a tu dulce cielo
a tu mujer pequeña
a tu princesa
a tu Sancho...

La viste entrar...
silenciosa...por primera vez en su corta vida
la viste callada...sus ojos claros apagados
con miedo, con tristeza, con terror
y quisiste gritar su nombre,
mas tu voz no respondió...

A tu lado llegó su silueta, su voz sorda...
su piel blanca, sus cabellos débiles y claros...
Sonrió con esfuerzo, casi por obligación
y sin preámbulo, ya sin ese miedo
te besó con dulzura...

¡Gran Quijote fuiste!
Lo fuiste hasta que la vida se te escabulló
obligándote a abandonar a tu Dulcinea
y al pequeño Sancho que ella te dio.

Llena de magia tenías su vida
llena de dulzura y de terror
con marcas y venires
con ires y desmarcas.

Ya sin cuerpo, siendo esencia
tu mano toma, mano muerta
y sonríe tranquila, paz infantil
y en su cuerpo de niña ves
mujer de triste despertar...

Calma, Quijote del milenio antiguo...
Estate calmado por que no puedes evitar
que tu dulce Sancho, pequeña niña
en mujer triste se transformará
y volverá a sonreír como antaño
cuando su nuevo Quijote aparezca
y de Sancho pase a ser Dulcinea...

A mi Padre...

1 comentario:

Amaru dijo...

Me enterneció mucho este poema.

Saluditos ^^