viernes, 8 de junio de 2007

Otoño prehistórico

Cae silenciosa
sobre mi cabeza,
sobre mis manos
bajo mis pies.

Perdida...
¡oh!, ¡más perdida que nunca!
Mirando de un lado a otro
tratando de encontrar el camino.

Sigue el rumbo
de las podridas
hojas amarillas
que mueren al tú nacer
y que te llevan
al que silenciosamente
será tu eterno hogar.

Dulce princesa
perdida entre mares,
ahogada entre humores negros
y llorando entre golpes
de lodo y sangre.

Decidida a vivir,
¡¡vive!!, ¡¡Mi Princesa, VIVE!!
Nada ha de quedarte ya,
todo aquello por lo cual
amaste y arriesgaste todo
ya no está.

Sonríe, Princesa.
Sonríe con aquel gesto,
callado, triste, muerto,
que cruza tus ojos sin reparo
que cruza tu rostro infinitamente.

Y visualizo aquella luz,
aquel ser de salvación.
Y respiro gases venenosos
y sonrío por la vida prometida.

No moriré, claro que no.
Seré inmortal entre mortales,
viviré con arsénico y cianuro
llenando mi boca.
Viviré con cicuta,
y con la daga que cruza mi pecho
y no moriré
ni con lágrimas,
ni con dolor,
ni nunca jamás.

No moriré a pesar del dolor
porque mi nombre
entre tus labios está...

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